ENTREVISTA
Una experiencia de educación agropecuaria basada en la mejora continua
En esta conversación, Patricio Ferrario repasa una experiencia educativa nacida en Tres Arroyos y plantea una pregunta que atraviesa toda la entrevista: ¿cómo se construye una escuela capaz de mejorar de manera sostenida?
Educador y referente de la educación agropecuaria, Ferrario cuenta cómo una escuela que comenzó con 25 alumnos fue creciendo hasta convertirse en una institución con cerca de 1300 estudiantes y con una propuesta que combina formación agropecuaria, economía y gestión. El recorrido sirve como punto de partida para pensar la educación no sólo desde los resultados, sino también desde las prácticas y los procesos que permiten alcanzarlos.
De Tres Arroyos a una escuela orientada a la innovación
Uno de los rasgos más destacados de la experiencia que relata Ferrario es la decisión de incorporar tempranamente nuevas tecnologías y actividades productivas. En la entrevista recuerda los comienzos con biodiésel y acuicultura y explica cómo el uso de imágenes satelitales y drones llegó a formar parte de las herramientas con las que los estudiantes pueden analizar el territorio y tomar decisiones vinculadas con el agro.
La innovación aparece así vinculada a una idea más amplia: una escuela puede sostener su identidad y, al mismo tiempo, preparar a sus alumnos para transformaciones tecnológicas que ya están modificando el trabajo y la producción.
La mejora educativa empieza dentro de las escuelas
Ferrario cuestiona la idea de que una reforma educativa pueda reducirse a cambiar leyes, planes de estudio o cargas horarias. Su propuesta pone el foco en los equipos de trabajo y en los procesos de mejora conjunta y mejora continua, con especial atención a la capacidad de cada escuela para revisar lo que hace, aprender de su experiencia e introducir cambios.
En ese punto, la conversación incorpora la experiencia de Finlandia como referencia para discutir las diferencias entre escuelas y la importancia de reducir las brechas de desempeño. Más que perseguir una mejora inmediata de los resultados, Ferrario propone mirar qué sucede antes de que ese resultado aparezca: cómo se organiza una institución, cómo trabajan sus docentes y directivos y qué condiciones permiten sostener una estrategia en el tiempo.
ISO 9001: gestionar la calidad educativa desde los procesos
Otro de los ejes de la entrevista es el Sistema de Gestión de Calidad Educativa basado en la Norma ISO 9001. Ferrario explica que la certificación implica una evaluación externa y periódica de los procesos de una escuela. Su experiencia en Tres Arroyos fue luego trasladada a otras instituciones, incluidas escuelas de gestión pública de distintas provincias.
La idea central es sencilla y potente: cuando un resultado no es el esperado, no alcanza con observar el resultado final. Hay que volver sobre el proceso para identificar qué se puede mejorar. Esa mirada es la que, según Ferrario, permite construir organizaciones educativas capaces de aprender de manera permanente.
¿Qué necesita aprender un estudiante?
Frente a la pregunta por la educación que necesitan los jóvenes para el futuro, Ferrario desplaza el foco desde una lista cerrada de contenidos hacia el desarrollo de competencias. Menciona especialmente el trabajo en equipo, la resolución de problemas y la capacidad de aplicar conceptos teóricos a situaciones prácticas.
Pero esa mirada sobre las competencias no supone abandonar el conocimiento. Por el contrario, sostiene que la formación de base y el esfuerzo siguen siendo indispensables: para resolver problemas concretos hace falta comprender los fundamentos que permiten abordarlos.
El desafío de construir continuidad
Hacia el final de la conversación, Ferrario plantea otro de los problemas que considera centrales: la dificultad para sostener políticas educativas de largo plazo. Su propuesta apunta a sacar a la educación de la urgencia permanente y a reconocer que una mejora profunda requiere continuidad, trabajo institucional y mayor confianza en los docentes.
La entrevista invita, en definitiva, a mirar la calidad educativa desde una perspectiva menos centrada en las respuestas inmediatas y más atenta a los procesos cotidianos que hacen posible que una escuela aprenda, innove y mejore.